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Madama Butterfly: Un bel di, vedromo

Actualizado: hace 2 horas

Madame Butterfly es, tal vez, después de Turandot, la obra más famosa de Giacomo

Puccini. La ópera en tres actos cuenta la historia de la geisha Cio-Cio Xan (apodada

Butterfly) de 15 años, que, en 1904, se casa con un teniente de marina de los Estados

Unidos. Para ella, él es su amor verdadero. Para él, ella solo representa una aventura

fuera de su país. Como las leyes japonesas son muy laxas, la intención del teniente es

divorciarse una vez que encuentre a la esposa estadounidense adecuada. Para casarse,

Cio-Cio Xan se convierte del budismo al cristianismo en secreto. La familia al enterarse, la

abandona. Pero, aun así, Butterfly y el teniente Pinkerton se casan y tienen su primera

noche de amor. Tres años después, Butterfly está a la espera del regreso de su amado

teniente que se fue a Estados Unidos poco después de la boda. Susuki, criada de

Madama Butterfly, intenta convencerla de que él no regresará, pero ella no la escucha. En

un desesperado intento de que convencerla, Butterfly canta el aria más famosa de toda la

obra.


Un bel di, vedromo… Un bello día, veremos….

Ella mira el mar del horizonte y el anhelo aparece en forma de canto. El tiempo. La

espera. Dilatación en cada compás como el regreso imposible del ser amado. La

esperanza en forma de obstinación. Las notas son olas que irrumpen el mar.

Las primeras notas desgarran arterias. El canto de la esperanza al levantarse un hilo de

humo en el extremo confín del mar. El andante molto calmo, como grito de añoranza

desde lejos. A lo lejos, el amor desaparece. A lo lejos, todo es una ilusión…

La voz, un poco conmovida, canta cuando aparece la nave blanca, dulcemente, al tiempo

con la simplicidad de una lágrima furtiva. El canto como la distancia entre dos puntos

lejanos unidos por los hechos y la fantasía de una geisha ingenua. Amor prohibido

hilvanado por las frías notas de una soprano.


La obstinación, ciega. El amor, asesina. Una historia cantada. Una historia contada. La

llegada del amado en barco… la entrada al puerto… cómo se acerca…. ¿Quién será?

¿Quién será? Los tiempos verbales se mezclan, como el sonido de las maderas con los

vientos, como capas de fantasía sobre la realidad. El abrazo perdido de un niño de tres

años se tiñe de melancolía y la confianza se desgaja como castillo de arena.

Per non moriré al primo incontro, significa que el ingenuo destruye a la protagonista.

El peso de la larga espera como una pluma. El hombre sube por la colina, ¿Quién será?

¿Quién será? ¿Cómo llegará? ¿Qué dirá? Todo, todo sucederá como lo digo. La fe la

ignorancia encriptada en partituras, destroza el espíritu. Como una promesa entre la tierra

y el mar, entre dos continentes, como hilo invisible que une solo un corazón.

Un bello día, en donde permanece la esencia de lo humano. Un bello día en donde el león

se viste de cordero. La necesidad de aferrarse a algo que nunca llegará.

Es necesario cerrar los ojos para escuchar el arte del engaño en su máxima expresión y

la realidad agridulce, en donde los últimos compases se sienten repletos de dolor.


La obstinación persiste como el tiempo. Al final, se alza una falsa victoria: la del amor

perdido. Allá, sobre la colina en donde espera Madama Butterfly a un hombre sin

escrúpulos. Allá en la cima, grita su dolor en forma de esperanza. Alla en la cima, se

escucha el clímax de la obra justo antes de morir.



 
 
 

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