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Intermezzo No. 1

Como un suspiro en el tiempo, la música es un motivo para recordar. El trino de las

falanges en la introducción expone el motivo de la obra, su tonalidad menor expulsa

melancolía, disonancias como profecía en los primeros acordes, el crescendo y el

diminuendo de la melodía como el llanto de un niño hambriento. La incertidumbre de la

sonoridad.

Las notas, moléculas de agua: dos átomos de silencio por cada uno de sonido.

El moderato melancólico acompaña a un cielo de nubes que sollozan y el intermezzo se

vuelve un descanso para el alma. Las notas como el rocío de una hoja, la lluvia de

sentimientos sofoca los oídos. No hay tempestad sin calma cuando el ambiente huele a

profundo lirismo.

La música es la expresión del romanticismo: su estructura equilibrada, su arquitectura en

forma de sonata de un solo movimiento, su tiempo, sus juegos en contra del destino.

Las manos sobre el piano con su diálogo sin intermitencia, como las olas del mar sin

descanso. Arpegios in crescendo como lluvia evaporada con la peor lentitud. Las notas

emitidas son cristales del alma, como hormigas que ruedan por las mejillas. La melodía

gentil y siempre suave. Lo tenue de las semicorcheas se tornan invisibles en cada línea

del pentagrama, en donde gotas de sangre negra salpican partituras en sesenta y cuatro

compases de nostalgia impoluta.


Intermezzo significa que una pieza musical vive entre dos tiempos indefinidos. La melodía

ligera, avanza sin avanzar como deteniendo el tiempo, navegando como un barco de

papel a la deriva en un mar de emociones coaguladas. No tiene un rumbo fijo para llegar

a la memoria del oyente. Su complicidad esquiva y tortuosa como un interludio entre lo

inmediato y lo mediato.


El Intermezzo No. 1 es una obra de piano que se debe escuchar para viajar a la serenidad

del México de inicios del Siglo XIX. No cuenta una historia: muestra el eco del

nacionalismo mexicano. Sin fecha de inicio ni de caducidad, Manuel M. Ponce nos ofrece

su virtuosismo en forma de amplias posibilidades sonoras. Riqueza del timbre, armonía de

sentimientos.

La nostalgia se encuentra latente en la obra más famosa del “Chopin” mexicano: poesía

pura en forma de música emotiva. Ahí, entre escaleras de mármol, edificios de cantera y

columnas de silencio, el Intermezzo es una pieza que no debe ser razonada: solo debe

sentirse. En su estructura no hay significado, no hay fin, no existe un objetivo, porque

cada oyente debe reflejar sus sentimientos.


En medio de aquel cuerpo sonoro, rebelde como un guerrillero en la revolución, se

escucha el canto solitario de la mano izquierda formando su propia melodía. La tensión

nace en el aire, para luego apagarse en un suspiro. Su tonalidad en mi menor, cristalino

como el reflejo de la luna en el agua. Los arpegios como puentes que desembocan

energía.


Ningún momento en la vida es el mismo. El instante parece repetirse, pero entonces el

intérprete ya no es el mismo: el tiempo nos vuelve otros. Las cadencias en octavas se

detienen poco a poco en líneas horizontales para despedir la obra y el oyente presiente

que el final de todo se acerca.Silencio pianissimo.

La música lo ha dicho todo.


 
 
 

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