Intermezzo No. 1
- Alberto Simón

- hace 1 día
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Como un suspiro en el tiempo, la música es un motivo para recordar. El trino de las
falanges en la introducción expone el motivo de la obra, su tonalidad menor expulsa
melancolía, disonancias como profecía en los primeros acordes, el crescendo y el
diminuendo de la melodía como el llanto de un niño hambriento. La incertidumbre de la
sonoridad.
Las notas, moléculas de agua: dos átomos de silencio por cada uno de sonido.
El moderato melancólico acompaña a un cielo de nubes que sollozan y el intermezzo se
vuelve un descanso para el alma. Las notas como el rocío de una hoja, la lluvia de
sentimientos sofoca los oídos. No hay tempestad sin calma cuando el ambiente huele a
profundo lirismo.
La música es la expresión del romanticismo: su estructura equilibrada, su arquitectura en
forma de sonata de un solo movimiento, su tiempo, sus juegos en contra del destino.
Las manos sobre el piano con su diálogo sin intermitencia, como las olas del mar sin
descanso. Arpegios in crescendo como lluvia evaporada con la peor lentitud. Las notas
emitidas son cristales del alma, como hormigas que ruedan por las mejillas. La melodía
gentil y siempre suave. Lo tenue de las semicorcheas se tornan invisibles en cada línea
del pentagrama, en donde gotas de sangre negra salpican partituras en sesenta y cuatro
compases de nostalgia impoluta.
Intermezzo significa que una pieza musical vive entre dos tiempos indefinidos. La melodía
ligera, avanza sin avanzar como deteniendo el tiempo, navegando como un barco de
papel a la deriva en un mar de emociones coaguladas. No tiene un rumbo fijo para llegar
a la memoria del oyente. Su complicidad esquiva y tortuosa como un interludio entre lo
inmediato y lo mediato.
El Intermezzo No. 1 es una obra de piano que se debe escuchar para viajar a la serenidad
del México de inicios del Siglo XIX. No cuenta una historia: muestra el eco del
nacionalismo mexicano. Sin fecha de inicio ni de caducidad, Manuel M. Ponce nos ofrece
su virtuosismo en forma de amplias posibilidades sonoras. Riqueza del timbre, armonía de
sentimientos.
La nostalgia se encuentra latente en la obra más famosa del “Chopin” mexicano: poesía
pura en forma de música emotiva. Ahí, entre escaleras de mármol, edificios de cantera y
columnas de silencio, el Intermezzo es una pieza que no debe ser razonada: solo debe
sentirse. En su estructura no hay significado, no hay fin, no existe un objetivo, porque
cada oyente debe reflejar sus sentimientos.
En medio de aquel cuerpo sonoro, rebelde como un guerrillero en la revolución, se
escucha el canto solitario de la mano izquierda formando su propia melodía. La tensión
nace en el aire, para luego apagarse en un suspiro. Su tonalidad en mi menor, cristalino
como el reflejo de la luna en el agua. Los arpegios como puentes que desembocan
energía.
Ningún momento en la vida es el mismo. El instante parece repetirse, pero entonces el
intérprete ya no es el mismo: el tiempo nos vuelve otros. Las cadencias en octavas se
detienen poco a poco en líneas horizontales para despedir la obra y el oyente presiente
que el final de todo se acerca.Silencio pianissimo.
La música lo ha dicho todo.




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