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El cuerpo como cárcel: La vegetariana de Han Kang


"Tu propio cuerpo es lo único a lo que le puedes hacer daño. Es lo único con lo que puedes hacer lo que quieras. Pero ni eso te dejan hacer."

Una noche, Yeong-hye, una mujer particularmente común, comienza a tener sueños perturbadores. En ellos aparecen sangre, carne cruda, animales muertos y una horrible sensación de asco y horror.

Yeong-hye siente una violencia aterradora clavada en su interior y, inundada por sus miedos, decide dejar de comer carne.

Sin embargo, este gesto (aparentemente simple) la sumerge en una espiral de violencia por parte de su entorno. Su familia y su esposo no comprenden el porqué de su decisión y, como resistencia ante lo que no entienden, intentan obligarla a volver a la “normalidad” mediante actos brutales.

Nadie la entiende, ni siquiera los médicos. Pero la realidad es mucho más profunda: Yeong-hye solo quiere lo mínimo, poder decidir sobre su propio cuerpo.

En cambio, es llevada a una clínica, donde es obligada a comer y encerrada en una habitación de cuidados intensivos. Allí, todos deciden por ella, pero nadie le pregunta lo más importante: ¿qué quiere ella?

Esta historia, narrada por el esposo, el cuñado y la hermana de nuestra protagonista, deja en incógnita su propio pensar, cuestionándote: ¿qué harías tú? ¿Dejarías a Yeong-hye seguir sus propios impulsos o serías uno de ellos, obligándola a actuar como tú consideras que es correcto, pese al sufrimiento que esto le cause? ¿A nombre del amor?

Este libro, publicado en el año 2007 por la ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2024, Han Kang, es una obra incómoda pero necesaria.

La novela nació a raíz de una línea poética de Yi Sang: “creo que todos los humanos deberían ser plantas”. Han Kang interpretó esta frase como una imagen simbólica del ser humano alejándose de aquello que lo define: la violencia, y aproximándose, en cambio, a una vida más pura y silenciosa, la vegetal.

Por medio de metáforas y simbolismos, la autora expone temas como las imposiciones sociales, la falta de comprensión y empatía hacia las decisiones ajenas, y el sufrimiento silencioso que nace de las expectativas que no se cumplieron. También retrata el deseo irracional de separarnos de lo humano, de la violencia, del control, del mundo.

En La vegetariana, el cuerpo funciona como metáfora de un territorio sobre el cual la sociedad reclama autoridad. Aquello que debería pertenecernos por completo se convierte en un espacio invadido por opiniones, imposiciones y juicios ajenos, algo que debe ser vigilado, corregido y controlado.

La vegetariana es un libro inquietante, cargado de simbolismos difíciles de digerir y escenas incómodas y perturbadoras. Sin embargo, es una lectura necesaria si quieres cuestionarte sobre las imposiciones sociales, el libre albedrío y qué tan dueño eres, en realidad, de tu propio cuerpo.

 
 
 

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