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On the nature of the daylight

On the nature of the daylight es una pieza musical suspendida en cada respiración. No

empieza ni termina: aparece como si ya estuviera ahí, antes de ser descubierta por el

oído. Su construcción a partir de una progresión deliberadamente lenta. El temblor de las

cuerdas graves. La inestabilidad de los segundos violines. La confusión de los primeros.


La repetición meditativa, casi como un mantra, de intensidad emocional como recurso expresivo. No hay giros. No hay clímax. La melodía parece estática, pero se repite como

un pensamiento intrusivo que añade densidad. Como una memoria obstinada de diferentes repeticiones, como si el pasado y el presente al encontrarse, se erosionaran y al mismo tiempo se volvieran cada vez más reales.


Incluida en el álbum The Blue Notebooks (2004), la obra maestra del compositor alemán Max Richter, no deslumbra por su virtuosismo técnico, pero golpea por su carga emocional. Ha trascendido las fronteras de su contexto original, al ser incluida en al menos nueve películas y cuatro series de televisión, al aprovechar el sonido que recorre un laberinto emocional.


Su naturaleza invernal no calienta, pero muestra lo profundo del alma. Todo se

acumula en capas de sonido estéril, en lágrimas contenidas con cada acorde, en sentimientos divergentes en cada compás. Y en cada cuerda, la intensidad estalla como

un dolor que aprende a comunicarse en silencio. Escucharla, es atravesar un callejón

nocturno para llegar a una habitación en donde un haz de luz atraviesa la ventana y ver

los recuerdos que flotan como partículas de polvo. Así, la música no cuenta una historia,

simplemente refleja las que se encontraban quiescentes en la mente de quien la escucha.


Cada nota prolongada, siempre ligada, parece hacer la misma pregunta. El sentido de tiempo revela la fragilidad humana cuando las primeras lágrimas nacen y la luz revela la belleza de la ausencia. La armonía avanza con insoportable lentitud para no romper la grieta de silencio en el muro de emociones. Su ambigüedad emocional, permite interpretarla desde diferentes aristas: lamento, despedida, melancolía, aceptación… Su indefinición, le confiere el título de espejo porque proyecta en el oyente sus propios miedos.


On the nature of the daylight es música que acompaña y que duele. No se escucha de

manera pasiva porque exige atención plena de todos los sentidos. Cuando termina, algo

empieza en quien la escucha. Como si la misma naturaleza de la luz, al acariciar la penumbra, hubiese dejado una herida abierta que no busca cerrarse para dejar de

sangrar.


Y tal vez, después de escucharla, seamos capaces de encontrar su verdadera naturaleza: aquella que no describe la claridad del día, sino la sombra que hace posible comprenderla y que permanece, incluso, después de que el último acorde se disuelve en el silencio.


 
 
 

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