¡Urge conciencia mediática!: Divertirse hasta morir
- Fabián Mendoza

- hace 1 día
- 6 Min. de lectura
Hace poco leí “Divertirse hasta morir: El discurso público en la era del show business” del
difunto sociólogo gringo Neil Postman. Se trata de un ensayo, escrito originalmente en la
década de los 80 (pero más relevante que nunca), que argumenta que la televisión y la cultura audiovisual en general transformaron las discusiones públicas y las formas de pensar en entretenimiento, dañando así la capacidad de pensamiento crítico.
Hoy en día, muchas personas ya más o menos sabemos las consecuencias y lo que implica
estar conectadxs e inmersxs en pantallas y en lo audiovisual todo el tiempo, más que nada en videos cortos y contenido breve televisivo o de redes sociales (no me da miedo sonar como un anciano durante este texto).
Ya se sabe que vivir nuestras vidas a través del entretenimiento, las notificaciones constantes, y el famoso “doomscrolling”, puede afectar la salud física, mental e intelectual al provocar fatiga visual, mal sueño, sedentarismo, ansiedad, comparación social, dependencia al estímulo constante, dificultar la concentración profunda, reducir la capacidad de atención y generar sobrecarga mental por el exceso de información y notificaciones.
Sin embargo, evidentemente no es tan sencillo como decir “las pantallas destruyen el cerebro” o “todo lo digital es dañino”, pues los expertos serios saben que hay muchas más matices, ya que todo depende también de la edad, las horas invertidas, el contexto sociocultural y económico, la salud mental previa, él tipo de contenido y los propósitos de uso.
Postman sabía esto, a pesar de haber escrito su ensayo hace más de 40 años y haberse
referido exclusivamente a la televisión; por lo que en su obra propone como solución una
especie de “conciencia mediática” (sí, como la conciencia de clase de Marx). Este punto me
parece el más importante, y es mi tesis central a la que quiero llegar en esta pieza.
En esta columna (¿o ensayo?), me gustaría explorar las ideas que Postman desarrolla en su
libro, resumiéndolo un poco y añadiendo apuntes míos al igual que de otros pensadores
amateur de Substack.
¿Qué dice el libro?
“Divertirse hasta morir” sostiene que los medios masivos, especialmente la televisión (pero
aplica perfectamente hoy en día para las plataformas digitales), han transformado la política, la educación y la religión en mero entretenimiento, lo que hace que la sociedad pierda su
pensamiento crítico.
Asimismo, el libro se desarrolla a partir de las ideas del filósofo Marshall McLuhan, y su famosa frase: “El medio es el mensaje”, la cual significa que la verdadera influencia de cualquier medio no radica en su contenido, sino en el medio mismo, ya que altera nuestra percepción y nuestra forma de vivir. Postman indaga en esta sentencia y abona un pensamiento más: el medio es la metáfora, y cada nueva tecnología que fabrica un nuevo medio de comunicación está a la espera de que los humanos la utilicemos simbólicamente.
Según Postman, los medios de comunicación y sus tecnologías determinan que tipo de
conversaciones podemos tener. De esta forma, el autor destaca que las conversaciones y los temas exhibidos en los medios de comunicación no sólo están presentes porque venden, sino porque los medios que usamos están reservados metafóricamente para hablar de ciertas cosas.
Por ejemplo, ¿por qué lo que más vemos en Instagram y en TikTok son influencers anunciando marcas o hablando de cultura popular? Pues es porque el mismo medio de las redes sociales lo permite gracias a sus formatos. ¿Para eso es el TikTok? No necesariamente, pero nosotrxs somos quienes decidimos para que son los medios.
Postman explica a lo largo del texto también la historia de cómo la humanidad cambió su
manera de pensar a partir de los medios disponibles, y poco a poco fuimos perdiendo la
habilidad de pensar de manera compleja y de concentrarnos.
El sociólogo expone como, en primera instancia, la invención de la imprenta cambió la manera de comunicarnos, pues se trató de una de las primeras herramientas para difundir ideas de manera masiva. De esta forma, antes de la llegada de la televisión, el mundo se encontraba envuelto en una cultura de “mentes tipográficas”. En estas condiciones, las personas podían seguir líneas de pensamiento largas e ideas complejas a partir de lo que leían en un texto.
Postman ejemplifica esta mentalidad tipográfica con la escena de uno de los debates políticos que tuvo Abraham Lincoln, el cual duró 3 horas y cada argumento por parte de los candidatos duraba 1 hora. El autor explicó cómo los asistentes del debate sin problema prestaron toda su atención a cada idea.
Posterior a la mente tipográfica, con la llegada de la televisión, la radio, y otros medios, llegó la comunicación masiva de a deveras y lo que Postman y McLuhan llamaban “aldea global”, en la cual el mundo ya estaba hiperconectado. Aunque esta nueva era trajo conexión, también trajo consigo el deterioro de la mente tipográfica y la concentración oportuna, pues ahora las personas consumían sus mensajes de manera más breve y simplificada. El sociólogo explicó que los debates políticos transmitidos en la tele duraban menos de la mitad que los de Lincoln.
Neil Postman argumentó que, a partir de la televisión, el resto de las instituciones sociales se convirtieron en entes de entretenimiento. Ahora las clases en la escuela debían ser
entretenidas, las misas en las iglesias debían de ser entretenidas, la cena en casa debía ser
entretenida; además, a partir de este fenómeno, la información también debía ser entretenida, por lo que ahora, nuestras conversaciones acerca de lo que ocurre en sociedad son banales, simplonas y triviales; y ahora nuestro consumo de información (noticias), al tener que ser divertido también, solo sirve para crear morbo y generar temas de conversación. Pal chisme pues.
Gracias a la cultura de la imagen y a la necedad de que todo tiene que ser divertido y dinámico, simbólicamente y prácticamente nuestros medios sólo sirven para eso, para divertir, lo que nos impide pensar críticamente y nos tiene nadando en un mar de distracciones sin fin. Incluso las noticias importantes ahora tienen como propósito único entretener. Y esto nos deja en la actualidad (la cual Neil Postman ya no pudo vivir), llena de lo mismo pero en la esfera digital.
Estamos completamente hundidos en un bombardeo de información en redes sociales que a final de cuentas, sin importar de que hable cada pedazo de contenido, es siempre en el nombre del entretenimiento.
¿Y luego?
Muchas personas insisten en que vivimos en una distopía tipo “1984” (el famoso libro de
George Orwell), pero Postman advierte que la sociedad contemporánea se parece más a la
visión de “Un Mundo Feliz” (el famoso libro de Aldous Huxley), una distopía de consumo y
distracción, que, a diferencia de la de George Orwell (donde el gobierno nubla la capacidad de tomar decisiones importantes), enseña cómo la gente perdió el interés en lo relevante por siempre buscar el placer y la diversión.
A su vez, Michelle Efímera, usuaria de Substack, subraya que hoy por hoy dejamos de ser
humanos y nos convertimos en vacío, en entes funcionales, productivos y obedientes, pero sin vida interior.
“Creemos estar eligiendo lo que consumimos, pero en realidad es lo que consumimos lo que
nos elige. Cada “me gusta”, cada video que nos indigna un poco más, nos encierra en una jaula invisible. Y así, poco a poco, dejamos de pensar para empezar a reaccionar”, destacó la bloguera.
Hannah Arendt también decía que la raíz del mal en la modernidad era “la incapacidad de
pensar”. Ella analizó cómo los burócratas nazis obedecían sin reflexionar; no eran monstruos, eran máquinas de orden. Lo llamó “La banalidad del mal”. Obviamente es un poco exagerado comparar a un régimen fascista con nuestra era de la inmediatez, pero cabe mencionar que una distracción masiva produce un efecto semejante: la incapacidad de pensar.
Gracias a la era de la inmediatez digital que vivimos hoy en día, se percibe un camino hacia el anti-intelectualismo, el cual se alimenta de la falsa noción de que la ignorancia tiene el mismo valor que el conocimiento. Vivimos rodeados de información con falta de reflexión. El mundo actual ya no soporta la lentitud del pensamiento.
Para todas estas preocupaciones, Neil Postman propone al final de “Divertirse hasta morir”
implementar en la pedagogía una “conciencia mediática”. Esto conlleva enseñarle a las
infancias y adolescencias desde temprano las implicaciones y consecuencias de consumir
tanta información en la esfera digital sin caer en el prohibicionismo, pues también se reconoce la utilidad de los medios audiovisuales y el valor que puede llegar a tener el entretenimiento.
“Ningún medio es peligroso si sus usuarios entienden cuáles son sus peligros”, señaló
Postman.
El único percance que percibe el autor es que implementar este tipo de educación en las
escuelas involucraría aceptar que todos los medios fueron creados, no dar su existencia por
sentado y pensar que es natural. Y la educación básica, especialmente en países como
Estados Unidos y México, nunca hacen esto con ningún tema. Y pues, ahora si que por eso
mismo es que estamos como estamos.
Igual me parece importante la idea de concientizar a la población general de los peligros que todos los medios de comunicación pueden tener en las habilidades de pensamiento, sin
prohibir obviamente. Está bien comerse una maruchan con cheetos flamin hot y salsa maga sin culpa, pero todxs tenemos el derecho de saber que consecuencias podría tener eso.




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