La desaparición de los rituales
- Cynthia Alcalá
- hace 14 minutos
- 2 min de lectura
Este verano leí el libro La desaparición de los rituales de Byung-Chul Han, en donde se aborda cómo en la sociedad contemporánea han desaparecido estas acciones simbólicas.
Byung-Chul Han dice que los rituales son acciones simbólicas. Transmiten y representan aquellos valores y realizaciones que mantienen unida a una comunidad. Generan una comunidad sin comunicación, mientras que lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad.
Después de leer esto, entendí que en el mundillo de las redes sociales muchos actúan desde el ego, solo para tener fama, por el like, la aprobación, sin importarles su audiencia. Hay unos pobres ilusos que siguen pensando que se harán ricos por crear contenido, solo lo logra el 1 % de la población y en Estados Unidos, el resto de los creadores de contenido lo combina con otros negocios o actividades.
La repetición es la forma fundamental del ritual, a diferencia de la novedad, que se agota rápidamente. Ahora todo es desechable. Esto me dejó pensando en los rituales que conservo y creo que el más bello es que mi hermana me sigue donando su ropa en buen estado, como cuando éramos niñas.
Otro ritual que conservo es que cada 24 de diciembre por la mañana salgo temprano y me compro un libro y un café, y curiosamente ese libro define mi año nuevo: habla sobre las inquietudes, los amores y los placeres que estaré a punto de vivir, a manera de presagio.
Hay rituales más sabrosos, como el del papá de una conocida, que todos los domingos quiere comer Pollo Feliz. Forzosamente debe ser ese pollo y en domingo; me imagino que eso ayuda a que sienta menos feo el bajón de este día.
¿Pero qué hay de los rituales para olvidar a un amigo o amiga? ¿O para olvidar a un examor, como en el caso del actor Alan Estrada, que escribió la famosa obra de teatro Siete veces adiós?
Se están perdiendo los rituales: el reparar la ropa de la hermana mayor, el tomar café en la misma cafetería, el comer pollo en familia... porque no hay tiempo y todo por el estúpido y sensual consumismo, la prisa.
Hablando de la prisa, uno de mis rituales favoritos es no comenzar a trabajar hasta no preparar mi café, darle un sorbo y, de ser posible, terminarme la primera taza. De verdad me pongo de mal humor y me duele la cabeza si no lo tomo. Un día olvidé mi termo y una compañera maestra me ofreció café soluble; me dio taquicardia. Tengo la teoría de que el cuerpo reacciona a la falta de rituales.
No he encontrado el ritual para perdonar y reencontrarme con un amigo de más de 10 años de conocernos y dos años sin hablarnos. A veces soy la examiga tóxica que quiere escribirle que lo extraña. ¡¿Ustedes tienen algún ritual?! Pónganmelo en los comentarios..




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