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Nocturno No. 20




Los nocturnos de Chopin son poemas de piano a la noche. Escritos entre 1827 y 1846, constan de 21 piezas cortas que evocan un ambiente profundo e intenso: inquietud y sueño. En las partituras se captura la inestabilidad de la noche y, a través de las notas, nos hacen ver el brillo de la luna en la superficie del agua. Tienen un carácter onírico e íntimo. Sus melodías melancólicas suelen ser de tiempo lento, reflejando el profundo lirismo musical de Chopin.

El Nocturno n.º 20 fue publicado 21 años después de la muerte del compositor e interpretado al público, por primera vez, en 1894. Chopin lo compuso en 1830, poco después de llegar a Viena, y se lo envió a su hermana con la dedicatoria: "A mi hermana Ludwika como ejercicio antes de comenzar el estudio de mi segundo Concierto". Chopin consideró esta obra como un mero ejercicio, por lo que estableció: “Que lo quemen cuando muera”.

Una obra que salvó vidas

Esta obra ha salvado vidas. Es la que el pianista polaco Władysław Szpilman tocó durante la última transmisión en vivo de la radio polaca el 23 de septiembre de 1939, cuando Varsovia era sitiada por el ejército alemán; la misma que interpretó ante el oficial Wilm Hosenfeld, quien ayudó a Szpilman a esconderse proporcionándole comida en los últimos meses de la guerra. (Aunque en la película El pianista, el personaje interpreta una versión abreviada de la Balada n.º 1).

La misma pieza fue la que Natalia Karp interpretó para Amon Göth, comandante del campo de concentración de Płaszów, quien quedó tan impresionado que le perdonó la vida.

La anatomía de la melancolía

Fragilidad… Nocturno n.º 20 en do sostenido menor. Romanticismo musical. Lento con gran espressione. Su belleza sencilla como súplica, como resignación escrita en una carta de olvido. La nostalgia de Varsovia. El lamento de la melodía de la mano derecha. La soledad de las notas de la mano izquierda. El vacío de un gran salón sin fondo, ni paredes, ni horizonte. La luz tambaleante de la vela. Una carta arrugada. Las gotas de lluvia, como recuerdos, tocan la ventana. El susurro de la noche. La vida se quiebra. El insomnio envuelve todo.

Existen poemas sin poesía, pero este nocturno es poesía en sí mismo. Su tiempo es como el de la vela que se derrite al escuchar la música. Lento con gran expresión significa que la esperanza y la desesperación coexisten como el juego entre la luz y las sombras. Acordes rotos, fragmentos musicales de recuerdos. Su olor melancólico, su textura onírica, sus movimientos fluidos; sus sesenta y nueve notas por minuto como gotas de lluvia en la ventana. El contraste de sus tonalidades es como la confusión del horizonte entre el mar y el cielo. El contraste de sus tiempos, como la guerra inminente en Varsovia frente a la tranquilidad de Viena.

La estructura del sentimiento

El animato ocurre de pronto como una melodía minimalista, como un ejercicio de improvisación. Produce un efecto conmovedor y una sensación de ambigüedad ante la incertidumbre de la vida; la difícil decisión de la pieza de regresar a su hogar o continuar por un camino distinto. Los rubatos y el pedal de la sección central actúan como una energía que rompe el lamento. Los pasajes ornamentados, con trinos que no se identifican con los de un pájaro. Las capas diferentes de sonido. Un pianissimo para calmar las frases del piano.

Su música elegante es un éxtasis de sonoridades limpias: notas en libertad, como el vaho que se disipa en la noche. Coloridas inflexiones de drama donde los pianissimos necesitan ser pesados para ahogarse en la superficie.

Al final, el alma del poeta se eleva junto con treinta y cinco notas, como una parvada en la mano derecha. Su arpegio sostenido se diluye lento, como un sueño antes del sueño, y los cromatismos de cadencias imperfectas se desatan como aves liberadas de una jaula.

Al final, la redención aparece en tono mayor: el instante de máxima expresión que solo tiene el silencio.



 
 
 

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