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Los veranos

Los veranos siempre me han parecido maravillosos y contrastantes. Recuerdo que en la primaria, durante las vacaciones, mis compañeros de salón regresaban más altos, con nuevas anécdotas y amores. Aunque mi estatura no cambiaba mucho, algo en el verano me daba la paz de comenzar de nuevo, desde cero y sin miedo.


Es la estación con los días más calurosos del año; quizá eso provoca que las personas se reúnan al aire libre y que, por las vacaciones, pasen más tiempo en familia o con seres queridos. A mí me encanta el verano porque puedo agendar cafés con mis amigas.


En el verano las noches son más cortas, pero eso, a las personalidades nostálgicas como la mía, no nos impide soñar. Por el contrario, es un buen momento para dormir con lluvia.

Como profesora, también significa el cierre de un ciclo escolar, y con eso vienen los cambios de alumnos, a veces de materias, y las dudas existenciales llegan. Pero el verano es un buen momento para hacer una pausa y reiniciar nuestro cerebro. Quizá el verano es eso: un reinicio.


Deberíamos aprovechar el verano para sacar la ropa que ya no nos gusta, pero también para agradecer lo que sí hay y, aunque las redes sociales dicten lo contrario, desconectarnos para encontrar un poquito de paz.


Si bien le fallé a Hollywood y nunca tuve un amor de verano, vale la pena repensar el sentido del amor y de la amistad. A pesar de lo acelerado del mundo, el verano me sigue sabiendo a pausa.


Es la oportunidad de tomarnos un café con nosotros mismos o con nuestros seres queridos, de abrazar a nuestras mascotas o, si tenemos la posibilidad, de viajar con nuestros padres.


El verano me sabe a reinicios, a ciclos que terminan; pero algo es evidente: cada verano somos distintos. Hoy tuve un golpe de nostalgia, de dudas, pero agradecí que el verano llegue pronto para diluirlas. A veces tengo fe, ¿y cómo no tenerla si unas niñas agradecen en un video a su maestro de ballet, si todavía hay personas buenas, tenemos películas buenas, tenemos la música de Fito Páez, tenemos amigos, las risas, la poesía y más de cien mentiras para no cortarnos las venas, como diría el maestro Joaquín Sabina?



 
 
 

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