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Las amigas

El año pasado leí el libro Rituales para la amistad, en el cual Jazmina Barrera, Elvira Liceaga y Daniela Rea exploran con profundidad el papel y la complejidad de la amistad en la vida. Bajo una narrativa íntima, exploran el formato de la carta. Entrelazan sus experiencias con sus amistades, abordando temas como la pérdida, las relaciones pasadas y presentes, la memoria y la evolución de los afectos a lo largo del tiempo.

No sé si es porque ya tengo casi 35 años y he perdido a varias amigas y amigos, pero me considero afortunada de saber quiénes son mis amigas, tener ese pequeño (muy pequeño) grupo de amigas a las que conozco y de quienes acepto sus defectos y virtudes. Además, me han demostrado que ellas aceptan los míos.


El primer paso contra el patriarcado es tener una amiga, alguien en quien poder confiar en momentos de conflicto. Tener una habitación a donde llegar, ropa caliente y comida en caso de emergencia o violencia machista. Una voz testigo en caso de emergencia.


En México, la amistad es el segundo factor más importante para la satisfacción con la vida, solo después de la familia. Según el INEGI, en sus indicadores de bienestar subjetivo, los mexicanos califican su satisfacción con sus relaciones personales con un promedio de 8.7 sobre 10.


Ahora tenemos amistades en modo ejecutivo, en donde al vernos no nos contamos la vida, más bien la resumimos; pláticas que en pocas ocasiones llegan a la profundidad. No está mal, es lo acelerado del mundo. ¿Pero entonces somos menos felices ahora?


La amistad y la felicidad van de la mano; me dan flojera las conversaciones banales y no confío en cualquiera. Observación e intuición son mis aliadas siempre y el arte las ha magnificado; muchas veces, por relaciones públicas, he llamado a muchos y muchas con la palabra "amigo", pero eso es una hipocresía. Los amigos son pocos y después de los treinta son menos.


Hay un meme en el que el humano, con el paso del tiempo, se va quedando sin amigos y amigas y solo le queda su perro o su gato. Quizá ese es el jodido mundo moderno. Conozco pocas personas haters con amigos o amigas reales; son su debilidad. No tienen ese grupo de apoyo a quien recurrir, y qué bueno. O si lo tienen, es falso. Tristísimo.


Hoy el reto está en tener tiempo, darse el tiempo y no tener miedo a conversaciones intensas y profundas para ser un poquito más felices. ¿Usted qué opina, lector?

 
 
 

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