La Primavera
- Alberto Simón

- 22 mar
- 3 min de lectura
“Il cimento dell'armonia e dell"nventione” (en español, “La contienda entre la armonía y la invención”) es un conjunto de 12 conciertos compuestos en 1721 por Antonio Vivaldi, y publicados en 1725. Estos conciertos son para violín, cuerdas y bajo continuo.
Los primeros cuatro son la obra más famosa del “cura rojo” y son conocidos como “Las
cuatro estaciones” (Le Quattro Stagioni). Inusual para la época, Vivaldi publicó dichos
conciertos con unos sonetos de acompañamiento, posiblemente escritos por él mismo,
que describen lo que quería representar con relación a cada una de las estaciones.
El recién equinoccio, me da el pretexto perfecto para escribir sobre el Concierto No. 1
en mi mayor, Op. 8, RV 269: “La primavera”.
Llegó la primavera y los violines emiten su canto en forma de aves. La alegría de sus
sombras en cada pentagrama, ahí en donde la melodía brilla y los colores se bifurcan. El
horizonte verde contiene al amarillo de las flores. El ritornello presente como un eco.
Y festejándolo, la saludan los pájaros con alegre canto. Trinos en forma de corcheas,
susurros de cristal en cada rama, Motivos ascendentes y descendentes, onomatopeyas
musicales endulzan el oído. Los violines imitan en sus cuerdas, el canto de los pájaros
que anidan partituras. Tres violines con alas presentes emiten el diálogo musical. Frases
sin preguntas ni respuestas.
El ritornello presente como un eco sin respuesta.
Y las fuentes con el soplo de los cefirillos. Agua siempre viva nos deleita con su canto
suave, semicorcheas perennes como una brisa musical. Las notas fluyen delicadamente
como una fuente. Arroyo de lágrimas con dulce murmullo discurren entretanto.
Después de unos compases, aparece el inesperado drama en la alegre música. Vienen
cubriendo el aire con negro manto, rayos, y truenos, elegidos para anunciarla en
forma de rápidas notas. Virtuosismo sincronizado. Aparece la intensa lluvia como humilde
mensajero de la primera estación del año. El cielo cubierto de relámpagos imitando el
rápido sonido del violín. La luz de la música se escucha sin contratiempos.
La tormenta cede. El remanente de su paso se observa en las notas que caen como
rocío de las hojas. Árboles y flores parecen llorar. Callando así estos, los pajarillos,
vuelven otra vez a su canoro encanto. El prado sin lágrimas se abre nuevamente a las
flores y el ritornello presente de nuevo.
Y así, sobre el florido y ameno prado, el pastor dirige a su ejército de ovejas. Camina
por el lugar que alguna vez fue música. Entre flores y olor a tierra húmeda, entre al caro
murmurar de bosques y plantas, duerme el cabrero melodía de violín que adormece,
tierna e indecentemente placentera, roza el sueño de su oyente. Con el fiel can al lado
imitando el ladrido la viola persiste cuidando el rebaño.
De la pastoral zanfoña al son festejante viento de primavera. Es en el último mes antes
de su fin en donde danzan ninfas con el sonido del bajo continuo en forma de gaita sin
cansancio. En el sonido largo como el tiempo, existen pastores en el techo amado de un
sol lleno de alegría por la brillante llegada de la primavera que ha llegado a su fin.
Vivaldi imita el tiempo de un mes en el calendario y pinta su naturaleza con lenguaje
musical. Es un himno a la naturaleza, una poesía al universo, en donde la música lo dice
todo en forma de imágenes musicales. Es música real que se siente brillante y luminosa.
Escenas que no solo se escuchan: se ven. En sus notas y silencios, transcribe la
renovación de la vida. En cada compás, el ciclo se perpetúa y nos recuerda que después
de la muerte, todo renace.




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