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La Primavera

“Il cimento dell'armonia e dell"nventione” (en español, “La contienda entre la armonía y la invención”) es un conjunto de 12 conciertos compuestos en 1721 por Antonio Vivaldi, y publicados en 1725. Estos conciertos son para violín, cuerdas y bajo continuo.

Los primeros cuatro son la obra más famosa del “cura rojo” y son conocidos como “Las

cuatro estaciones” (Le Quattro Stagioni). Inusual para la época, Vivaldi publicó dichos

conciertos con unos sonetos de acompañamiento, posiblemente escritos por él mismo,

que describen lo que quería representar con relación a cada una de las estaciones.

El recién equinoccio, me da el pretexto perfecto para escribir sobre el Concierto No. 1

en mi mayor, Op. 8, RV 269: “La primavera”.


Llegó la primavera y los violines emiten su canto en forma de aves. La alegría de sus

sombras en cada pentagrama, ahí en donde la melodía brilla y los colores se bifurcan. El

horizonte verde contiene al amarillo de las flores. El ritornello presente como un eco.

Y festejándolo, la saludan los pájaros con alegre canto. Trinos en forma de corcheas,

susurros de cristal en cada rama, Motivos ascendentes y descendentes, onomatopeyas

musicales endulzan el oído. Los violines imitan en sus cuerdas, el canto de los pájaros

que anidan partituras. Tres violines con alas presentes emiten el diálogo musical. Frases

sin preguntas ni respuestas.


El ritornello presente como un eco sin respuesta.

Y las fuentes con el soplo de los cefirillos. Agua siempre viva nos deleita con su canto

suave, semicorcheas perennes como una brisa musical. Las notas fluyen delicadamente

como una fuente. Arroyo de lágrimas con dulce murmullo discurren entretanto.

Después de unos compases, aparece el inesperado drama en la alegre música. Vienen

cubriendo el aire con negro manto, rayos, y truenos, elegidos para anunciarla en

forma de rápidas notas. Virtuosismo sincronizado. Aparece la intensa lluvia como humilde

mensajero de la primera estación del año. El cielo cubierto de relámpagos imitando el

rápido sonido del violín. La luz de la música se escucha sin contratiempos.

La tormenta cede. El remanente de su paso se observa en las notas que caen como

rocío de las hojas. Árboles y flores parecen llorar. Callando así estos, los pajarillos,

vuelven otra vez a su canoro encanto. El prado sin lágrimas se abre nuevamente a las

flores y el ritornello presente de nuevo.


Y así, sobre el florido y ameno prado, el pastor dirige a su ejército de ovejas. Camina

por el lugar que alguna vez fue música. Entre flores y olor a tierra húmeda, entre al caro

murmurar de bosques y plantas, duerme el cabrero melodía de violín que adormece,

tierna e indecentemente placentera, roza el sueño de su oyente. Con el fiel can al lado

imitando el ladrido la viola persiste cuidando el rebaño.


De la pastoral zanfoña al son festejante viento de primavera. Es en el último mes antes

de su fin en donde danzan ninfas con el sonido del bajo continuo en forma de gaita sin

cansancio. En el sonido largo como el tiempo, existen pastores en el techo amado de un

sol lleno de alegría por la brillante llegada de la primavera que ha llegado a su fin.

Vivaldi imita el tiempo de un mes en el calendario y pinta su naturaleza con lenguaje

musical. Es un himno a la naturaleza, una poesía al universo, en donde la música lo dice

todo en forma de imágenes musicales. Es música real que se siente brillante y luminosa.

Escenas que no solo se escuchan: se ven. En sus notas y silencios, transcribe la

renovación de la vida. En cada compás, el ciclo se perpetúa y nos recuerda que después

de la muerte, todo renace.


 
 
 

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